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Claudio Naranjo:En nuestro sistema patriarcal, donde el corazón y el amor no se suponen, necesitamos recuperar la espontaniedad y la educación emocional.

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Claudio Naranjo

“Hemos aprendido a domesticar a nuestros hijos”

En nuestro sistema patriarcal, donde el corazón y el amor no se suponen, necesitamos recuperar la espontaniedad y la educación emocional.

Gema Salgado

Claudi Naranjo es filósofo y escritor. Dirige el programa 
SAT de formación
de educadores en el autoconocimiento. Es coartífice del “Movimiento mundial para la innovación y el cambio en la educación”.

– Usted aboga por una educación desde el corazón, que tenga en cuenta el ser, el conocimiento de uno mismo. ¿Cómo debería ser una escuela de este tipo?

El énfasis para mí está en la formación de los educadores, no tanto en el tipo de escuela. Tengo la impresión de que si no se formara a los educadores con información e ideas, sino que recibieran una formación emocional, la cosa iría de otra manera.

Eso significa también una formación terapéutica porque, a nivel emocional, los que participamos en la civilización occidental estamos enfermos.

Somos todos víctimas de una misma plaga, la plaga del déficit de amor

De generación en generación, los niños se ven cortos de “maternaje”, y esto no solo no ha mejorado, sino que ha empeorado con el hecho de que, hoy en día, las madres tienen que ganarse la vida fuera de casa. Son madres cada vez más ausentes y los niños se están poniendo cada vez más rabiosos, más difíciles. Llegan a la escuela más perturbados, y la escuela no se hace cargo de que ese daño emocional es significativo para la vida.

Los niños difíciles se ven como casos terapéuticos que los psicopedagogos pueden tomar en sus manos como si fueran una excepción, y no como una realidad universal.

– Si se está educando a los niños para ser trabajadores y entrar en el ciclo consumista, ¿qué cambios son necesarios para transformar esta realidad?

Tendría que haber por parte de los educadores un interés por la felicidad de los educados en lugar de seguir el patrón implícitamente severo que ha tenido la educación hasta el momento. Creer que donde hay problemas es la mano dura la que los va a resolver es un mal social muy generalizado.

Pero cuanto más se criminaliza al mundo para arreglarlo, más criminal se vuelve este. La educación es reflejo de esa misma actitud. Hay muchas mujeres en el magisterio que tienen perfecta capacidad materna, y en su casa la ejercen, pero cambian al ponerse el uniforme del sistema.

Este es un sistema patriarcal: no se supone que haya corazón

No se supone que la relación humana sea relevante ni que lo sea la relación personal con los estudiantes. Por eso no importa el tipo de escuela; el educador debe tener algo para dar y sentirse con libertad para darlo.

– Aprender en la naturaleza de una forma más experimental, fomentar la creatividad… Muchas escuelas alternativas basan su programa en estas ideas.

Estas escuelas están un poco prohibidas. Están muy bien, pero no llegan a la mayoría de la gente. Uno de los temas que más me interesa es cuál es la naturaleza de la resistencia a este tipo de proyectos nuevos si se sabe que funcionan.

¿Son los miembros de un ministerio, individualmente reacios, individualmente cómplices, de que la educación no eduque? ¿Existe la mente sistémica, que hace difícil cambiar el paso? No solo es la educación emocional lo que falla, a mí me interesa mucho el asunto de la libertad, la condición civilizada que ahora se está empezando a poner en tela de juicio.

Hay quienes interpretan la crisis de nuestro tiempo como una crisis de la civilización misma. Es la crisis de una situación en la que somos seres domesticados; nuestra animalidad, nuestra “instintividad”, el órgano básico que tenemos para navegar por la vida, ha sido castrado hace mucho tiempo. Domesticamos a los animales hace miles de años y hemos aprendido a domesticar también a nuestros hijos.

La falta de libertad de ser como uno es nos deshumaniza e interfiere con nuestro animal interior

A mí me interesa mucho la vuelta a la espontaneidad. El ser humano necesita su creatividad para salir de donde se ha metido, y si no existe la espontaneidad, no hay creatividad.

– En cuanto al programa SAT que dirige, ¿cómo se educa a los maestros?

Un elemento es la libertad de la que hablaba antes, la espontaneidad, el ser uno mismo. El atreverse y confiar en lo natural, en los impulsos. Otro elemento son las emociones. Hay emociones inferiores y emociones superiores. Las inferiores son lo que los cristianos llamaban pasiones, los pecados. Hoy se les llama necesidades neuróticas.

Pero más allá de las neurosis está el amor, y a eso hay que llamarlo por su nombre. Todavía está prohibido hablar de amor en el mundo burocrático y académico. En el SAT hablo de competencias existenciales, las que se requieren para ser un ser humano. Entre esas competencias están la solidaridad, el sentido de los ideales, los valores…

– Hemos hablado de educar para la libertad, de educar para el amor. ¿Y para la sabiduría?

Hoy en día no se sabe lo que es la sabiduría. Tanto domina el saber que poco tiene que ver con la sabiduría. La sabiduría pasa por la paz y el desapego. Pasa por valores que no están vivos en la cultura.

La gente se vuelve sabia pese a sí misma por las pérdidas, por los golpes, porque la vida le enseña, pero son pocas las personas que se vuelven sabias por una disciplina, como en las culturas espirituales orientales. Hoy en día no tenemos una escuela de sabiduría occidental.

Yo creo que lo que llamamos educación debería volverse más coherente con los principios de la sabiduría.

Un ser humano inteligente y con corazón se torna sabio cuando conecta con su esencia, con su espiritualidad y con su misión

Publicado en: http://www.mentesana.es/entrevistas/claudio-naranjo-educacion_1157

 

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De la vieja educación a la nueva enseñanza holística

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Educación de la vieja a la nueva enseñanza from Angel Gonzalez

EDUCAR PARA SER

“¿Cómo podemos crear una escuela que no quite al niño su alegría natural de vivir, su curiosidad, la seguridad en sí mismo, su individualidad y el sentido de su propio valor y el valor de los demás?

¿Cómo podemos conseguir una escuela que no obligue al niño a bloquear las aguas libres de sus sentimientos, que deje su vida intacta y, más tarde, no tenga que ir recogiendo con esfuerzo los pedazos de su propia identidad para poder “reencontrarse a sí mismo”?

¿Existía una escuela que dejara la iniciativa para aprender en manos del propio niño y que no la depositara sistemáticamente en los adultos?”
Rebeca Wild

La metamorfosis de la educación actual sigue su imparable proceso de mutar la piel y de adaptarse al nuevo paradigma y a las necesidades reales de las personas y no a las de un sistema económico y social caduco y castrador.

Iniciativas no faltan, desde dentro y desde fuera de la propia enseñanza oficial.

Esta presentación nos esboza en sus 41 páginas lo qué está ocurriendo en las escuelas y enumera distintas corrientes educativas que ofrecen alternativas y que conciben al alumnado, al profesorado y al sentido mismo de la educación de forma diferente.

Denuncia que no hay nada más ANTIeducativo que los elevados índices de fracaso escolar que obligan a empezar la vida adulto con exceptativas frustradas, que se educa en la competencia y no la colaboración, que se potencian las limitaciones personales sin haber explorado nuestros dones genuinos y que nos preparan para vivir como victimas.

Por contra, nos explican que existen OTRAS FORMAS DE ENSEÑAR que respetan la sabiduría innata de los niños, que se preocupan por las múltiples inteligencias y distintas dimensiones del ser humano y que educan para ser feliz.

En la presentación citan:

Hace décadas, las “otras escuelas” eran desconocidas, minoritarias y de difícil acceso, pero hoy en día se están extendiendo, en algunos lugares son parte de la educación pública y surgen allí donde varias familias se organizan y las crean porque quieren otros espacios de desarrollo para sus hijos.

Bajo el título de “De la vieja a la nueva enseñanza holística“, esta presentación (de la que desconocemos el autor) nos ofrece mucho material para reconsiderar porque pasar más de 16 años de nuestra vida encerrados en un modelo decimonónico de escuela marca demasiado…

La transcripción del texto está aquí y a continuación adjuntamos los vídeos citados y más información al respecto.

CONGRESO NIÑOS DEL TERCER MILENIO: resumen

EDUCACIÓN PROHIBIDA

PEDAGOOODÍA 3000

Publicado en: http://www.elblogalternativo.com/2011/04/14/de-la-vieja-educacion-a-la-nueva-ensenanza-holistica/

¿Qué podemos aprender de Finlandia?

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 Jari Sjölund, Turun normaalikoulu

El sistema educativo finlandés despierta la admiración y hasta la envidia de todos aquellos que nos dedicamos a enseñar. Sus buenos resultados a nivel internacional nos indican que las cosas en ese país se están haciendo bien.

En esos resultados no solamente importa que estén en los primeros puestos de las evaluaciones internacionales, sino que los logros sean aplicables a cualquier escuela finlandesa y que los alumnos finlandeses no estén afectados por los síndromes de ansiedad y estrés que son observables en otros países que están desarrollando un sistema basado en la competitividad y el esfuerzo sobrehumano del alumno o el gasto de la familia en profesores particulares.

Lo primero que observas al entrar en una escuela finlandesa, ya sea una de preprimaria, básica o secundaria, es que los alumnos parecen felices. Se mueven con tranquilidad por los pasillos, dejan sus bicicletas en la puerta sin atar con candados, van a la biblioteca y allí buscan en los libros situados en estanterías abiertas, saludan educadamente cuando se cruzan contigo…

La disrupción es muy poco frecuente y se corrige de forma inmediata. Si el hecho es grave y el alumno tiene que dejar de asistir a la escuela, es seguro que habrá un trabajo que realizar en su casa para que no pierda las clases. Pero esto es una circunstancia excepcional.

El niño es el centro del aprendizaje. Cuando Finlandia tuvo que elegir, lo prefirió a la materia. Para que esto no sea papel mojado tienes que saber que los niños son diferentes, que aprenden de forma distinta, a ritmos variados y que sus capacidades, talentos, características, varían.

La escuela que tiene en su centro al niño es una escuela diferente a la que coloca como elemento fundamental el currículum. Los profesores no piensan “debo enseñar mi materia”, sino “debo hacer que mis alumnos aprendan”. Una diferencia definitiva.

Dave Herholz

La relación entre alumnos y profesores es muy cercana, presidida por el respeto y el cariño. Los profesores están dispuestos a ayudar a sus alumnos en todo aquello que precisan y los alumnos agradecen esa dedicación.

Otro de los aspectos que nos llaman la atención tiene que ver con los profesores. Los profesores de las escuelas de Finlandia sienten una gran vocación y tienen una excelente preparación. Lo primero se puede comprobar en los tests de actitud que cumplimentan para acceder a los estudios y lo segundo surge con la unión de varios elementos: un sistema de acceso que permite seleccionar a los mejores, una formación inicial con componentes, a la vez, científicos (es decir, al máximo nivel en lo que se refiere a la materia que han de enseñar) y pedagógicos (cómo enseñar, con qué recursos, qué métodos) además de una formación permanente que responde a las necesidades de actualización que el cambio de la sociedad, los adelantos técnicos y la vida en general, exige a los docentes.

Los profesores finlandeses no son funcionarios, sino que están contratados por los municipios, responsables de organizar y supervisar la educación, excepto la universitaria. La obligación de los estamentos municipales es la de proporcionar educación gratuita a los niños que viven en su territorio, incluyendo materiales, una comida caliente a día y transporte si la distancia supera los cinco kilómetros.

Los profesores disfrutan de una gran autonomía pedagógica. Ello es posible porque su trabajo se basa en un criterio de confianza. Se confía en ellos, dada su altísima cualificación y por eso pueden llevar a cabo su práctica educativa de una forma que potencia su creatividad y la búsqueda de soluciones adecuadas a los niños y a los entornos concretos en los que trabajan.

Además de eso, los contenidos que se enseñan están establecidos a nivel nacional de forma que todos los niños de Finlandia, independientemente de donde estudien, tengan garantizados los conocimientos fundamentales para su desempeño futuro.

Casi el cien por cien de las escuelas son públicas. La iniciativa privada es muy escasa y solamente aparece en los estadios profesionales de la educación, casi siempre a través de las empresas y centros de trabajo.

Coro escolar Sääksjärvi, Lempäälä, Finlandia. Fotografía: Aapo-Lassi Kankaala, CC

La tercera cuestión que a un visitante le puede sorprender es el alto nivel de equipamiento de las escuelas. La tecnología está muy presente en las aulas y las instalaciones son de calidad, para facilitar el trabajo y el acceso a los recursos didácticos, informáticos y de todo tipo que favorecen el aprendizaje.

El confort es un elemento fundamental de la escuela finlandesa que pretende conseguir el objetivo de que el alumno considere a los centro educativos como su segunda casa. Esto implica muchas cosas. Los profesores pueden trabajar con recursos variados y modernos, pero, además, los niños cuidan los materiales y el mobiliario como si fueran suyos, como si de verdad esa fuera su casa. No hay muebles rayados, ni rotos, todo parece nuevo y en buen uso.

Tanto los sueldos de los profesores como los equipamientos se pagan con dinero municipal y los municipios reciben esa asignación del Estado como parte fundamental de sus presupuestos.

Esko Kurvinen

Todos están de acuerdo en que la educación es una prioridad y ello desde hace treinta y cinco años, cuando se decidió que solamente de esta forma se podía contribuir a la mejora del país y de sus ciudadanos.

Entrando en el terreno puramente pedagógico, una novedad muy importante en relación con lo que hacemos en España reside en el sistema de evaluación. Para empezar, aquí evaluamos solamente a los alumnos. En Finlandia, la evaluación del alumnado es un elemento del sistema y no el más importante.

Hasta los nueve años no son evaluados con notas, y aun entonces no se emplean cifras sino que se trata de una valoración cualitativa. Luego hay otra evaluación a los once años, también sin cifras. Las primeras notas expresadas en cifras son a los trece años. De esta manera, los alumnos aprenden sin la presión del aprobado y del suspenso y de los exámenes.

Cada uno progresa a su ritmo, evitando la angustia y el sufrimiento, el estrés y, sobre todo, favoreciendo que se potencien los logros. La información a las familias, que se da dos veces al año, habla precisamente de qué han conseguido sus hijos, sin entrar a calificarlos. Las calificaciones numéricas, cuando existen, oscilan entre el 4 y el 10. Notas más bajas se considerarían humillantes.

En la escuela secundaria sí existen las notas y los exámenes, una semana de exámenes por cada período de seis semanas, pero ya los niños tienen adquiridas las rutinas, destrezas y habilidades básicas y, sobre todo, su autoestima les asegura un importante dominio de sí mismos.

Kevin Oliver: escuela en Jyvaskyla, CC

Imposible no destacar en todo esto el papel de la lectura. Hasta los siete años no se considera que el alumno debe aprender a leer. Ello garantiza que ha adquirido los prerrequisitos que son la base de este aprendizaje. Sin esos requisitos nos encontramos con dificultades añadidas a los procesos de decodificación, comprensión, razonamiento e inferencia que supone la lectura.

Una vez que el alumno aprende a leer y se ha evitado que haya alumnos que se queden atrás, la adquisición de conocimientos se produce de forma natural, sin esos fallos de comprensión y asimilación tan frecuentes.

En las familias se fomenta la lectura y la red de bibliotecas públicas finlandesas es importante y forma parte del itinerario normal de los padres con sus hijos. La lectura y la escritura, procesos paralelos, sostienen la evolución del aprendizaje de los alumnos, dando lugar a una estructura de funcionamiento mental que se ve potenciada por los saberes que se van adquiriendo y que, a la vez, favorece esa adquisición.

En la falta de dominio de las destrezas lecto-escritoras reside la explicación más cierta del fracaso escolar de los niños españoles.

Los niños finlandeses empiezan su educación obligatoria a los siete años. Antes de eso acuden un año a la escuela pre-primaria y muchos lo hacen con anterioridad a los centros de día, de carácter asistencial y no educativo.

El juego, las relaciones entre iguales, la afectividad, la creatividad, son la base de las actividades que los niños realizan antes de la educación básica obligatoria y, también durante ella, como una forma de potenciar el talento de cada uno. Pero todos se enfrentarán a la lecto-escritura a los siete años, evitándose así el síndrome del “licenciado en infantil” que todos conocemos en nuestras escuelas españolas.

Lo lógico es pensar que, si en la etapa infantil nos dedicamos a escribir y a leer, hay algo que estamos dejando de hacer y que es propio de esas edades. Tan simple como eso.

Rosipaw: ceremonia de graduación, CC

Al finalizar la etapa básica obligatoria los finlandeses deciden si seguir el camino de la secundaria profesional o de la secundaria académica. Ninguno de estos caminos es superior al otro, sencillamente son distintos. No existe el prurito familiar de que si los niños no estudian el bachillerato son un estigma. Al contrario. Los estudios profesionales, que a nivel superior se realizan en los politécnicos, como alternativa a la universidad, están excelentemente considerados y de ellos salen profesionales de gran cualificación, dispuestos a enfrentarse a los retos crecientes del mercado de trabajo.

La secundaria académica da paso a la universidad después de un examen de estado que unifica la formación de estos alumnos y pone el énfasis en una preparación que les capacite para los estudios universitarios al más alto grado de conocimientos. En Finlandia existen 29 politécnicos y 20 universidades.

Estas breves pinceladas deberían bastarnos para reflexionar sobre qué aspectos del sistema educativo finlandés se podrían trasvasar a España, sin demasiados problemas. Y, si lo pensamos, hay muchos. Para ello resulta imprescindible el debate profesional, no mediatizado, en la que el papel principal se asuma por los expertos en educación. En Finlandia, la educación es cuestión de Estado, pero no cuestión de partidos.

Copyright © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

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