Claudio Naranjo

Claudio Naranjo:En nuestro sistema patriarcal, donde el corazón y el amor no se suponen, necesitamos recuperar la espontaniedad y la educación emocional.

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Claudio Naranjo

“Hemos aprendido a domesticar a nuestros hijos”

En nuestro sistema patriarcal, donde el corazón y el amor no se suponen, necesitamos recuperar la espontaniedad y la educación emocional.

Gema Salgado

Claudi Naranjo es filósofo y escritor. Dirige el programa 
SAT de formación
de educadores en el autoconocimiento. Es coartífice del “Movimiento mundial para la innovación y el cambio en la educación”.

– Usted aboga por una educación desde el corazón, que tenga en cuenta el ser, el conocimiento de uno mismo. ¿Cómo debería ser una escuela de este tipo?

El énfasis para mí está en la formación de los educadores, no tanto en el tipo de escuela. Tengo la impresión de que si no se formara a los educadores con información e ideas, sino que recibieran una formación emocional, la cosa iría de otra manera.

Eso significa también una formación terapéutica porque, a nivel emocional, los que participamos en la civilización occidental estamos enfermos.

Somos todos víctimas de una misma plaga, la plaga del déficit de amor

De generación en generación, los niños se ven cortos de “maternaje”, y esto no solo no ha mejorado, sino que ha empeorado con el hecho de que, hoy en día, las madres tienen que ganarse la vida fuera de casa. Son madres cada vez más ausentes y los niños se están poniendo cada vez más rabiosos, más difíciles. Llegan a la escuela más perturbados, y la escuela no se hace cargo de que ese daño emocional es significativo para la vida.

Los niños difíciles se ven como casos terapéuticos que los psicopedagogos pueden tomar en sus manos como si fueran una excepción, y no como una realidad universal.

– Si se está educando a los niños para ser trabajadores y entrar en el ciclo consumista, ¿qué cambios son necesarios para transformar esta realidad?

Tendría que haber por parte de los educadores un interés por la felicidad de los educados en lugar de seguir el patrón implícitamente severo que ha tenido la educación hasta el momento. Creer que donde hay problemas es la mano dura la que los va a resolver es un mal social muy generalizado.

Pero cuanto más se criminaliza al mundo para arreglarlo, más criminal se vuelve este. La educación es reflejo de esa misma actitud. Hay muchas mujeres en el magisterio que tienen perfecta capacidad materna, y en su casa la ejercen, pero cambian al ponerse el uniforme del sistema.

Este es un sistema patriarcal: no se supone que haya corazón

No se supone que la relación humana sea relevante ni que lo sea la relación personal con los estudiantes. Por eso no importa el tipo de escuela; el educador debe tener algo para dar y sentirse con libertad para darlo.

– Aprender en la naturaleza de una forma más experimental, fomentar la creatividad… Muchas escuelas alternativas basan su programa en estas ideas.

Estas escuelas están un poco prohibidas. Están muy bien, pero no llegan a la mayoría de la gente. Uno de los temas que más me interesa es cuál es la naturaleza de la resistencia a este tipo de proyectos nuevos si se sabe que funcionan.

¿Son los miembros de un ministerio, individualmente reacios, individualmente cómplices, de que la educación no eduque? ¿Existe la mente sistémica, que hace difícil cambiar el paso? No solo es la educación emocional lo que falla, a mí me interesa mucho el asunto de la libertad, la condición civilizada que ahora se está empezando a poner en tela de juicio.

Hay quienes interpretan la crisis de nuestro tiempo como una crisis de la civilización misma. Es la crisis de una situación en la que somos seres domesticados; nuestra animalidad, nuestra “instintividad”, el órgano básico que tenemos para navegar por la vida, ha sido castrado hace mucho tiempo. Domesticamos a los animales hace miles de años y hemos aprendido a domesticar también a nuestros hijos.

La falta de libertad de ser como uno es nos deshumaniza e interfiere con nuestro animal interior

A mí me interesa mucho la vuelta a la espontaneidad. El ser humano necesita su creatividad para salir de donde se ha metido, y si no existe la espontaneidad, no hay creatividad.

– En cuanto al programa SAT que dirige, ¿cómo se educa a los maestros?

Un elemento es la libertad de la que hablaba antes, la espontaneidad, el ser uno mismo. El atreverse y confiar en lo natural, en los impulsos. Otro elemento son las emociones. Hay emociones inferiores y emociones superiores. Las inferiores son lo que los cristianos llamaban pasiones, los pecados. Hoy se les llama necesidades neuróticas.

Pero más allá de las neurosis está el amor, y a eso hay que llamarlo por su nombre. Todavía está prohibido hablar de amor en el mundo burocrático y académico. En el SAT hablo de competencias existenciales, las que se requieren para ser un ser humano. Entre esas competencias están la solidaridad, el sentido de los ideales, los valores…

– Hemos hablado de educar para la libertad, de educar para el amor. ¿Y para la sabiduría?

Hoy en día no se sabe lo que es la sabiduría. Tanto domina el saber que poco tiene que ver con la sabiduría. La sabiduría pasa por la paz y el desapego. Pasa por valores que no están vivos en la cultura.

La gente se vuelve sabia pese a sí misma por las pérdidas, por los golpes, porque la vida le enseña, pero son pocas las personas que se vuelven sabias por una disciplina, como en las culturas espirituales orientales. Hoy en día no tenemos una escuela de sabiduría occidental.

Yo creo que lo que llamamos educación debería volverse más coherente con los principios de la sabiduría.

Un ser humano inteligente y con corazón se torna sabio cuando conecta con su esencia, con su espiritualidad y con su misión

Publicado en: http://www.mentesana.es/entrevistas/claudio-naranjo-educacion_1157

 

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Claudio Naranjo: Cómo llegamos al amor

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25 abril, 2014orla

Cómo llegamos al amor

Es uno de esos genios chilenos que el mundo reconoce y los chilenos no. Siquiatra de la Universidad de Chile, antes de los 30 años salió a estudiar a Estados Unidos y se quedó allá, en Berkeley. “Soy un buscador sediento,” dice. Su incesante búsqueda la ha realizado libremente, más allá de los confines académicos y religiosos, y hoy, a sus 81 años, es un maestro espiritual respetado. A propósito de su visita a Chile para dar dos charlas, publicamos esta entrevista realizada hace algunos años, en sucesivos encuentros, por Delia Vergara, la primera directora de revista Paula.

Por Delia Vergara / Ilustración: Marcelo Pérez.


Tiene pinta de profeta, con su cuerpo grande, medio encorvado, sus pelos y barbas abundantes, y sus radicales pronunciamientos sobre la condición humana. Viene a vernos esporádicamente a Chile, enseña durante unas pocas semanas y luego se va por el mundo, como si no perteneciera a ninguna parte. Trae buenas noticias, siempre. Una nueva forma de ver la neurosis, un nuevo descubrimiento espiritual, una nueva síntesis de enseñanzas milenarias, en su afán por adentrarnos en el camino del amor, el único que, según él, puede traernos auténtica felicidad.

Impresionante el impacto de la primera vez que lo escuché, en el Goethe Institut, en un auditorio abarrotado, a mediados de los ochenta. Hablaba de cómo había ocurrido su transformación espiritual y sus palabras resonaban en mí como si me vinieran de adentro, como si toda esa sabiduría habitara en alguna parte mía hasta entonces desconocida. Impresionada, no le perdí más la pista. Lo he entrevistado innumerables veces a lo largo de los años con la intención de hacer un libro sobre él. De esa manera me forjé el privilegio de exprimirle una y otra vez sus conocimientos sobre los asuntos que más me interesan en la vida.

Me cautivan sus conocimientos infinitos sobre el camino para llegar a la sanidad, al amor, a nuestra naturaleza espiritual. Su mente prodigiosa ha hurgado en todas las tradiciones espirituales y sicológicas. Encuentra un camino y lo recorre entero, lo experimenta en sí mismo y enseña lo que le ha servido. Los ha recorrido todos: el cristianismo, las escuelas orientales, el chamanismo, las escuelas sicológicas, las audacias de la nueva era.

Aparte de su erudición, tiene el don de la palabra. Transmite lo que sabe como un artista. Sus conferencias son un deleite y a veces las termina tocando una pieza de piano, porque también es músico.

Actualmente tiene una casa en Berkeley, pero no se puede decir que vive ahí porque viaja sin cesar. En su larga vida se ha casado dos veces, y su único hijo, del primer matrimonio, murió en un accidente automovilístico cuando tenía doce años. El impacto de esa muerte lo adentró aún más en el camino que ha recorrido y enseñado.

Ha sido guía de miles de terapeutas y buscadores espirituales en todo el mundo. En Chile lo seguimos una multitud de sedientos que, tal como él, quedamos cortos con las enseñanzas institucionales. Su mirada al predicamento humano es apocalíptica, pero también es optimista, porque él ha experimentado la transformación en sí mismo y le tiene fe. Dedica su vida a transmitir lo que sabe, en más de diez libros publicados, en conferencias y talleres. Lo hace sin grandilocuencia, pero con la convicción de quien no habla por boca de ganso, sino por su propia experiencia.

EL MAL

Tú dices que en el mundo hemos hecho muchas revoluciones y experimentos pero los humanos seguimos vacíos, disfuncionales y hasta peligrosos. ¿Qué es lo que nos falta?
Efectivamente, tenemos una historia muy larga de nobles propuestas y muchas revoluciones para el cambio social. Sin embargo, estas nunca han incluido una propuesta de cambio individual. Parece que ya es hora de entender de si queremos una sociedad diferente necesitaremos seres humanos más completos. No se puede construir un edificio de esa naturaleza sin los ladrillos apropiados.

¿Cual crees es nuestro problema individual?
Es un problema de origen emocional. Nos sentimos vacíos, inútiles, sin sentido. Tenemos una falta de armonía interior. La mayor parte de la gente, impulsada por este vacío, devora en su entorno, consume, trata de llenarse con la vida de los otros, llenarse de importancia, de poder.

¿Por qué estamos acostumbrado a vivir así, sin tomarlo como una anormalidad?
Padecemos una condición que en teología se llama dureza de corazón. La persona que está en pecado no sabe que está en pecado, está endurecida. La sicología llama a eso neurosis, enfermedad.

¿Como describirías este mal interno, cuáles son sus componentes?
Mi mentor, Totila Albert, (escultor y poeta chileno que murió a fines de los 50) lo veía como un desequilibrio interno entre las energías paternas, maternas y filiales. Al interior de la siquis el principio paterno se toma la autoridad y esclaviza a los demás. La sicología, desde Freud en adelante, habla de la toma del poder de lo mental por sobre lo emocional y lo instintivo.

¿Piensas que nuestra enfermedad tiene que ver con el sistema patriarcal?
Los años y la experiencia me han ido confirmando que nuestro mal es el sistema patriarcal. Hemos progresado en un sentido racional, tecnológico, pero al mismo tiempo nos hemos deteriorado en un sentido sico-espiritual.

¿Como se manifesta eso?
Cada individuo vive desde la cabeza, desde su superego, desde la tiranía del debería. De eso se trata la moralidad ordinaria, seguir las órdenes del padre internalizado. El ser humano lleva dentro de sí mismo un capataz y un esclavo, el esclavo es su naturaleza espontánea, instintiva, los elementos maternos y filiales.

¿Cómo nos afecta eso?
Nacemos en un mundo de tiranos, en que los seres que más te quieren son al mismo tiempo los que más te hacen sufrir. Nuestros padres, sin saber que nos dañan, se adueñan del control y la autoridad desconociendo la capacidad de autocontrolante del niño, con muy poca fe en su naturaleza interior. La actitud es: “Yo te amo y te acepto si haces las cosas de tal o cual manera.” Así se va transmitiendo esta cultura que poco a poco va consumiendo la naturaleza y que tiene armas para destruir varias veces el planeta.

LLEGAR AL AMOR

¿Cuáles son las razones de tu optimismo frente a este cuadro que pintas?
Hoy hay más conciencia que nunca del sufrimiento en su raiz, que es el sufrimiento del no ser, la sensación de sinsentido. La gente llega a las consultas sicológicas diciendo: “No estoy bien, esto no está funcionando”. En sicoterapia se dice que es un elemento de buen pronóstico tener conciencia de enfermedad. Por otra parte, aunque desde siempre ha habido gente que evoluciona, en este siglo existe lo que podríamos llamar una “metodología del amor”, que es la contribución de la sicología. Antes de la llegada del conocimiento sicológico pareciera que hubiera faltado alguna pieza, un recurso para esta empresa de cambio. El mero mandamiento de amar a los demás no ha servido, se necesita un método terapéutico más refinado para lograrlo.

¿Qué es lo nuevo que ha aportado la sicoterapia?
Instrumentos para conocerse a sí mismo, para sanar la herida emocional y para liberar lo instintivo. Los terapeutas tratamos de sacarle el policía interior a las personas. El ser humano es más completo cuando puede dejar que todos sus elementos internos, -la mente, el instinto y las emociones-, se abracen en vez de debilitarse combatiéndose unos a otros.

Eso de la liberación del instinto pareciera algo pecaminoso en el mundo que vivimos.
Yo tengo más fe en el instinto que en la civilización actual. Los instintos humanos libres se autoregulan. Una persona sana recupera esa espiritualidad que viene del animal interior; recupera, por ejemplo, la sexualidad, que está muy dañada en la mayor parte de la gente a pesar de que hay en el mundo una libertad sexual superficial que yo no veo como libertad, sino como una contrarrepresión a la represión. Eso no tiene nada de sano.

¿Qué ganas conociéndote a tí mismo?
Conocerse a sí mismo es conocer al falso ser, a ese idiota que llevamos dentro que constantemente nos hace sufrir. Cuando uno logra verlo, está comenzando a hacerse sabio. Es duro el autoconocimiento pero es importante saber lo que uno experimenta, tener conciencia de lo que se siente. Es sanador tomar conciencia de la agresividad inconsciente, del dolor inconsciente, del miedo inconsciente. Para sanar el odio, que es una plaga generalizada, inseparable del hiper deseo, de la codicia, de la necesidad nuerótica de más, es necesaria la aceptación sincera de esos sentimientos en uno.

¿Tiene el sentido de la confesión de los cristianos?
Si, porque proporciona ese espacio íntimo para confesarse a sí mismo. Es necesario ver todo eso para decir “basta, voy a abordar un camino nuevo, que es el camino amoroso”. El amor va mas allá de algunos sentimientos que se han idealizado como amor. Se idealizan las pasiones como amor, el enamoramiento como amor, pero el amor verdadero es una cosa muy poco dramática, es una actitud de no hacer daño a los otros, un sentimiento franternal.

Además de la sicoterapia, recomiendas la meditación.
Las enseñanzas espirituales de todas las culturas nos dicen que solo cuando la mente se aquieta puede reflejar algo que está más allá de ella. Si callamos nuestras voces pequeñas puede oirse una voz que está en otro nivel, que nos llevará por el camino correcto. Esa es la voz de la conciencia, del ser, la parte de la mente que da sentido a la vida.

¿Qué sería estar sano para tí?
Sentir el bienestar de ser.

EDUCAR LA AFECTIVIDAD

Has dicho últimamente que el tema de la educación te acalora. ¿Por qué?
Porque ya es hora de que tengamos una educación para el desarrollo humano. Tenemos una educación predominantemente intelectual, en que los demás aspectos del ser humano son desestimados. Nada necesitamos tanto como una educación afectiva, una educación de esa capacidad amorosa que es la base de una buena convivencia familiar y social. Si no alcanzamos una dosis mayor de bondad, toda la información técnica no va muy lejos.

¿Qué te hace pensar que eso es posible?
Es difícil, porque la educación tendría que superar sus tabúes contra lo terapéutico y contra lo espiritual. Eso no lo hace menos urgente. La educación podría incluir una instrucción espiritual no dogmática, prácticas concretas que sirvan al cultivo de la mente profunda, y un proceso de autoconocimiento guiado que lleve a los jóvenes no solo a cambios de conducta sino a esa transformación que es la esencia de la madurez humana.

Sin embargo ya existe algo así como una educación en valores.
Eso no es suficiente. Para llegar a encarnar los valores no basta esa combinación de instrucción y sermón que se llama la educación en valores. Son necesarios los procesos más profundos de los que hemos hablado. Los profesores tendrían que hacer esos procesos como parte de su eduación antes de poder guiar a los jóvenes.

¿Cómo interpretaste las protestas de los estudiantes que han movilizado toda la discusión de la educación en Chile?
Veo un despertar, nos estamos haciendo conscientes de nuestra realidad. Hoy tenemos una democracia gobernada por el 1% para el 1% y eso se está haciendo cada día más visible. Está ocurriendo un darse cuenta que se va esparciendo y va cambiando la reacción de las personas ante asuntos que antes no veía. Es una conciencia que deslegitima las viejas instituciones, aunque no se tenga claro hacia dónde vamos.

Fin de mundo, se dice por ahí.
Estamos entrando en otra cosa. Parece que el barco se está hundiendo, una civilización se está resquebrajando. Yo pongo mi esperanza en el naufragio porque nada interfiere más para que tengamos un mundo mejor que el sistema de poder y de valores que hemos construido.

Hay mucha gente asustada.
Mas vale mirar esta crisis como una oportunidad, no hay que tenerle tanto miedo. Lo que se hunde es una cultura que tiene eclipsado el amor. El valor cultural predominante es la competencia, no es la solidaridad. Falta el reconocimiento colectivo de que lo verdaderamente humano es la solidaridad.

¿Ves esperanza?
La gran pregunta es cómo pasamos de un mundo a otro. Yo pongo mi confianza en la creatividad social. A los jóvenes les tocará la tarea de construir una nueva cultura desde la conciencia, desde los valores verdaderamente humanos. En Chile son los jóvenes los que se indignaron primero reclamando por la educación. Pienso que en la rebelión de los jóvenes hay algo más de lo que se ve. Ellos saben, porque están más despiertos, que la educación que reciben es irrelevante,que no les va a servir para vivir.

SU PROPIA TRANSFORMACIÓN

¿Qué le dirías a alguien que desea abordar el camino que propones?
Que el cambio interior es un trabajo, una disciplina. Es necesario trabajar por nuestro progreso espiritual. El esfuerzo tiene mucho que ver con estar dispuesto a sufrir, a mirar lo doloroso y torcido que hay em uno. Después de esa etapa, que es terapéutica, viene un nuevo nacimiento. Nace el ser verdadero de uno mismo, que sabe vivir.

¿Cómo ha sido ese proceso en tí?
Mi búsqueda empezó con experiencias durante mi adolescencia en las que sentí un nivel de felicidad desconocido, pero fueron transitorias, las perdí. El hecho de haberlas perdido dejó en mi conciencia La sensación de que había algo que buscar, un estado muy superior a la felicidad ordinaria que antes había experimentado. Durante todo el tiempo que viví en Chile mi búsqueda fue mi ocupación principal, pero lo llevaba como algo secreto sobre lo que escribía em cuadernos privadísimos. Me sentía um bicho raro. Solo al llegar a trabajar a la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos, al comienzo de la década del sesenta, me sentí en un oasis porque me encontré con otros buscadores semejantes, una nueva generación que se estaba liberando de la autoridad de sus mayores.

¿Qué era lo que cuestionaba esa gente?
Esa división del pensamiento humano en multitud de escuelas, religiones y tendencias que luchan entre sí. Eso se veía como el autoritarismo dentro de cada uno de los sistemas, el decir: “Miren, aquí está la verdad entera.”

¿Como veían ellos la cosas?
Pensaban que todas esas visiones eran complementarias, eran parte de un mismo pastel. Eso me hizo mucho sentido. Yo fui uno de los primeros colaboradores de Esalen, un centro de crecimiento que reunió el interés terapéutico con el espiritual, el artístico y el corporal, en una actitud integradora que después se generalizó en el mundo entero.

¿Hiciste todos los aprendizajes?
En Esalen había gente extraordinaria, y naturalmente los aproveché. Yo tenía una cierta invulnerabilidad al dolor, y, por lo tanto, al amor. Tenía una sequía interior.

¿Quienes te marcaron?
Un encuentro muy importante de ese tiempo fue con el creador de la terapia gestáltica Fritz Perls. Era un gran maestro y un hombre que había llegado a mucho. Participé en varios talleres de Gestalt con él, y como todavía no se había hecho famoso recibí mucha atención de él. Después fui uno de sus sucesores.

¿Qué aprendiste de Perls?
Pearls fue un profeta del aquí y el ahora, eso que con el tiempo se ha hecho tan común. Hizo sentir a quienes se acercaban a él que había como un camino del estar presente. Enseñaba a encarar el momento sin tratar de escapar hacia pensamientos acerca del pasado o del futuro. En la vida común el pasado y el futuro rara vez son tomados como objetos de La reflexión, sino que son objeto de ensoñaciones vacías. La recomendación de Pearls de vivir en el ahora se basaba en que solo vivimos el momento presente. Eso es algo que la persona sana sabe, pero las personas neuróticas no se dan cuenta, mientras están enredadas en una seudo existencia de pensamientos y emociones negativas.

¿Cuáles fueron tus primeras experiencias con la meditación?
Tuve la suerte de recibir instrucción de meditación de Suzuki Roshi, el primer maestro de meditación Zen que llegó a Estados Unidos. También fue importante la experiencia con el psicólogo americano Leo Zeff, uno de los grandes expertos en el manejo de la terapia con alucinógenos, que cuando se hace en manos de un experto puede acelerar mucho el proceso terapéutico.

Escuché que tu experiencia definitiva la tuviste en Chile.
Fue en Arica, con el maestro espiritual Oscar Ichazo. Ese fue el principal peregrinaje de mi vida, en el desierto de Azapa. Nos vinimos unos cuarenta compañeros de Esalen durante meses al desierto a trabajar con Ichazo. Ahí experimenté un verdadero nacimiento a un nivel de conciencia desconocido. Ese fue el comienzo de un camino de transformación profunda, sin vuelta atrás.

¿Que te ocurrió ahí?
Tuve una tremenda expansión, que partió de una experiencia mística. Recuerdo haber usado en mi diario la expresión “ví a Dios cara a cara”. No había palabras, no había contenido, ni siquiera silencio. Lo que más se acerca a lo que viví es la palabra nada, pero nada tiene sabor a nada y eso era más todo que nada. Cuando salí de la experiencia tuve un gesto de oración, de pedirle a Dios una confirmación de que esto era El. Y me surgió espontáneamente un cantar, algo hermoso, que entendí como una respuesta de lo divino a través de la creación de una belleza.

¿Qué pasó después?
De vuelta en California le decía a mis amigos: “Tengo la impresión de haber nacido de nuevo, de ser como una guagua que no tiene brazos ni piernas, que no sabe andar y apenas sabe hablar.” Tenía una gran conciencia de mí, y de la distancia que había entre mis actos y mi inspiración. En los momentos de recogimiento, de meditación, me volvía a invadir un estado que era como mi ser verdadero y me daba cuenta de lo absurdamente imperfecta que había sido mi acción durante el día. A través de este contraste empezó un aprendizaje del vivir. Era como una caída que era ascenso al mismo tiempo. En ese tiempo cambiaron radicalemente ciertas vivencias neuróticas, una cierta manera de depender de la gente, una cierta relación con el mundo. Pero había momentos que me sentía un idiota. Había siempre un saber que iba avanzando pero era más intenso que nunca el sentir que algo me faltaba.

Hás afirmado que pasaste por “la noche oscura del alma”.
San Juan de la Cruz le llamó así a esa etapa de su proceso, cuando luego de sentir una gran identidad con Dios, lo perdió.

¿Hay etapas definidas en el proceso de transformación?
Hay tantas descripciones como personas que lo han hecho. Como todo lo que pertenece a la vida, se puede mirar desde muchos puntos de vista. Lo que se puede ver a través de los místicos es que después de una fase purgativa viene una fase iluminativa, que es como una luna de miel espiritual; después viene la sequía, la dificultad, los obstáculos, en la que los santos pierden su santidad. Y all final se llega a lo que se llama la fase unitiva.

¿Consideras que llegaste ahí?
No, de ninguna manera. Me siento más que nunca en proceso, en transición, sin embargo me siento guiado desde adentro. Seguir adelante es algo que el cuerpo y el alma me piden. Ya no necesito ser empujado desde fuera.

Eso de mirar tus heridas, de estar consciente de todo eso, ¿terminó en algún momento?
No, eso nunca se abandona, yo diría que va en aumento. La sensación es que antes uno tenía la piel sana y el centro enfermo y después hace erupción el volcán y llega un momento en que se siente que está limpio el centro, uno está en paz consigo mismo, pero las heridas están más flor de piel, se ven más.

¿Es necesario tener que vivir con eso?
A mi me parece que todo está muy bien construido en la naturaleza de modo que sigamos caminando sin que se nos vayan los humos a la cabeza.

#Claudio Naranjo

Claudio Naranjo: “Nos han criado para la ceguera”

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22 de diciembre de 2015
El psiquiatra chileno Claudio Naranjo, candidato al Nobel de la Paz y pionero en la integración de la Psicología occidental y las corrientes orientales, durante una entrevista con Efe en la que asegura que "el mal de nuestra cultura es que mira más hacia fuera que hacia adentro". "La educación debería enseñarnos a mirar hacia adentro. Nos han criado para la ceguera", ha señalado con motivo de la publicación del libro "La vida y sus enseñanzas". EFE
El psiquiatra chileno Claudio Naranjo, candidato al Nobel de la Paz y pionero en la integración de la Psicología occidental y las corrientes orientales, durante una entrevista con Efe en la que asegura que “el mal de nuestra cultura es que mira más hacia fuera que hacia adentro”. “La educación debería enseñarnos a mirar hacia adentro. Nos han criado para la ceguera”, ha señalado con motivo de la publicación del libro “La vida y sus enseñanzas”. EFE

Madrid, 22 dic (EFE).- Candidato al Nobel de la Paz y pionero en la integración de la psicología occidental y las corrientes espirituales orientales, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo (Valparaíso, 1932) asegura en una entrevista con Efe que “el mal de nuestra cultura es que mira más hacia fuera que hacia adentro”.

“La educación debería enseñarnos a mirar hacia adentro. Nos han criado para la ceguera”, ha señalado con motivo de la publicación del libro “La vida y sus enseñanzas”, editado por Kairós y que recopila una serie de entrevistas con el profesor y terapeuta Javier Esteban.

Doctor en Medicina y tres veces honoris causa en el campo de la educación y la psicología humanista, Naranjo, a sus 83 años, se define esencialmente como “un buscador”.

Su programa de autoconocimiento SAT es un referente por su combinación de terapia Gestalt -es discípulo de Fritz Perls-, meditación budista y psicología del eneagrama, un sistema que clasifica la personalidad en nueve tipos en función de la pasión que los domine: la ira, el orgullo, la vanidad, la envidia, la avaricia, la cobardía, la gula, la lujuria y la pereza.

“No es muy diferente del concepto cristiano de los pecados”, admite. “En la cultura medieval hubo cierto conocimiento de estos tipos en el ámbito religioso. Pero la religión presenta esas fuerzas como ofensas a Dios, y esa noción de pecado hoy no sirve”.

“El eneagrama adopta una perspectiva más humanista y lo adapta a la psicología moderna. Sentir que esas pasiones nos hacen daño a nosotros mismos ayuda a barrer al enemigo interior”, prosigue.

En el libro, Naranjo repasa momentos de su infancia en el seno de un familia acomodada y librepensadora, sus estudios académicos, sus encuentros con sus maestros y experiencias traumáticas, como la pérdida de su hijo de once años en un accidente de tráfico a comienzos los 70.

A largo de los años dice haber visto muchas transformaciones en sus pacientes. “Se trata de ayudarles a deshacerse de su ego, de un ser falso”, explica.

“Cada uno que nace en el mundo es una semilla que cae en un terreno donde falta algo. Una parte de la personalidad surge para defenderse de esas influencias nocivas que transmite hasta la mejor intencionada de las familias. Pero esas defensas que sirvieron al niño, de adulto se quedan obsoletas”, añade.

Naranjo define las pasiones como deseos intensos pero carenciales. “Es como querer llenar un hueco a través de sentir más: más lujuria, más dulzura, más perfección. Todos estos son deseos sin fondo, no se sacian, nos sobran, y se sanan a través del autoconocimiento”, sostiene.

“Las pasiones son parásitos mentales. Uno no vive para sí, sino para su ambición, no vive para realizar sus potencialidades, sino una imagen brillante de sí mismo que le vendieron o que uno siente que necesita para que lo quieran”.

En los últimos años, su trabajo se ha centrado especialmente en la formación de educadores.

“Cuanto más peleo por cambiar la educación, más me doy cuenta de las inmensas resistencias del sistema”, asegura. “Es como si la educación quisiera mantenernos dormidos, como si hubiera surgido en la era industrial para tener una fuerza de trabajo obediente, que no hace preguntas”.

La raíz de estos problemas, en su opinión, es la persistencia de un modelo de sociedad patriarcal que ha quedado obsoleto.

“La civilización surgió hace 7.000 años como respuesta a una situación dura -hambre, migraciones-, donde era necesaria la actitud darwiniana de supervivencia del más fuerte”, señala.

“Eso se trasladó a la ruptura de la democracia familiar, un modelo donde el padre es la autoridad, y que ha sido la fuente de todas las desigualdades del mundo. Primero la esclavitud doméstica de la mujer y luego la esclavitud general, que, aunque no se llama así, es un despotismo laboral, económico que afecta a todos”, añade.

Parte de lo que Naranjo llama el dominio masculino se extiende al imperio de las normas y la razón, frente a lo instintivo.

“El instinto del placer está mal visto, no sólo en el cristianismo, sino en todas las religiones y culturas. El patriarcado ha impuesto una especie de castración psicológica que hace que la gente sea menos creativa de lo que podría”.

A la pregunta de cuánto más puede durar esta crisis, Naranjo cree que no mucho más.

“Se agota la biosfera, los recursos naturales. Escribí un libro, ‘La revolución que esperábamos’, cuya idea de base era que nuestra mejor esperanza es la catástrofe”, recuerda.

“Que el barco patriarcal se hunda, eso es lo que necesitamos para crear un mundo nuevo. Que ya no funcione la política, la economía, que el pueblo descubra la gran mentira de tantas cosas que han estado idealizadas. Ese es el comienzo de la liberación”.

Por Magdalena Tsanis

De la vieja educación a la nueva enseñanza holística

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Educación de la vieja a la nueva enseñanza from Angel Gonzalez

EDUCAR PARA SER

“¿Cómo podemos crear una escuela que no quite al niño su alegría natural de vivir, su curiosidad, la seguridad en sí mismo, su individualidad y el sentido de su propio valor y el valor de los demás?

¿Cómo podemos conseguir una escuela que no obligue al niño a bloquear las aguas libres de sus sentimientos, que deje su vida intacta y, más tarde, no tenga que ir recogiendo con esfuerzo los pedazos de su propia identidad para poder “reencontrarse a sí mismo”?

¿Existía una escuela que dejara la iniciativa para aprender en manos del propio niño y que no la depositara sistemáticamente en los adultos?”
Rebeca Wild

La metamorfosis de la educación actual sigue su imparable proceso de mutar la piel y de adaptarse al nuevo paradigma y a las necesidades reales de las personas y no a las de un sistema económico y social caduco y castrador.

Iniciativas no faltan, desde dentro y desde fuera de la propia enseñanza oficial.

Esta presentación nos esboza en sus 41 páginas lo qué está ocurriendo en las escuelas y enumera distintas corrientes educativas que ofrecen alternativas y que conciben al alumnado, al profesorado y al sentido mismo de la educación de forma diferente.

Denuncia que no hay nada más ANTIeducativo que los elevados índices de fracaso escolar que obligan a empezar la vida adulto con exceptativas frustradas, que se educa en la competencia y no la colaboración, que se potencian las limitaciones personales sin haber explorado nuestros dones genuinos y que nos preparan para vivir como victimas.

Por contra, nos explican que existen OTRAS FORMAS DE ENSEÑAR que respetan la sabiduría innata de los niños, que se preocupan por las múltiples inteligencias y distintas dimensiones del ser humano y que educan para ser feliz.

En la presentación citan:

Hace décadas, las “otras escuelas” eran desconocidas, minoritarias y de difícil acceso, pero hoy en día se están extendiendo, en algunos lugares son parte de la educación pública y surgen allí donde varias familias se organizan y las crean porque quieren otros espacios de desarrollo para sus hijos.

Bajo el título de “De la vieja a la nueva enseñanza holística“, esta presentación (de la que desconocemos el autor) nos ofrece mucho material para reconsiderar porque pasar más de 16 años de nuestra vida encerrados en un modelo decimonónico de escuela marca demasiado…

La transcripción del texto está aquí y a continuación adjuntamos los vídeos citados y más información al respecto.

CONGRESO NIÑOS DEL TERCER MILENIO: resumen

EDUCACIÓN PROHIBIDA

PEDAGOOODÍA 3000

Publicado en: http://www.elblogalternativo.com/2011/04/14/de-la-vieja-educacion-a-la-nueva-ensenanza-holistica/

Creo que la paz individual es la paz del mundo

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Tengo 71 años. Nací en Valparaíso (Chile) y vivo en Berkeley (California).Tengo la nacionalidad estadounidense. Estoy divorciado y tuve un único hijo que perdí con 11 años. Soy psiquiatra, tengo estudios de música y filosofía. Soy el creador del instituto Seekers After Truth (SAT). Creo que la paz individual es la paz del mundo. Creo en Dios

-¿Qué dice usted?

–Yo digo que somos seres “tricerebrados”.

–¿No está siendo demasiado optimista?

–Verá, dentro de nosotros hay una parte padre: jerárquica, impositiva. Otra parte hijo: instintiva. Y una parte madre, que es la tribal y amorosa, pero que castra la individualidad.

–¿La parte intelectual, la emocional y la instintiva?

–Exacto. Lo complicado es armonizar los tres cerebros, que no se produzca tiranía por ninguna de las partes.

–¿Cómo armonizarlas?

–Haciendo nada.

–No me fastidie.

–Debe haber un abrazo entre esas tres partes interiores, y una de las posibilidades para conseguirlo es a través del factor espiritual, de la entrega del yo pequeño, de la renuncia a esa necesidad de ser alguien…¿Entiende?

–Más o menos.

–Hay que hacerse a un lado, abrir espacio en uno mismo.

–Está pidiendo demasiado.

–Lo sé, no es nada fácil. Debería crearse un nuevo modelo educativo. La educación no educa. La educación es un malentendido. Cuando se dice que educar es enseñar a leer y a escribir se están confundiendo los medios con el fin. El fin debería ser el desarrollo de las personas y de su mente.

–Cualquier pedagogo diría eso.

–La familia humana es una estructura autoritaria. El principio de la autoridad del padre es incuestionable porque vivimos dentro de ese sistema patriarcal que no tiene en cuenta la voz del niño, cuyo potencial es castrado desde la infancia. No es una familia democrática, ni se contempla la felicidad como un fin de la cultura y del aprendizaje.

–¿Cómo hacerlo?

–Hay que cultivar la sed que aparece en todos los adolescentes. Es una sed de trascendencia, de entender el universo y la propia vida, ¿no la ha sentido?

–Sí.

–En nuestra cultura no hay verdaderas respuestas, están todas acartonadas. Como dice un amigo mío, ya no llueve gracia en las iglesias. La cultura no apoya esa inquietud. La insatisfacción es leída como una desventaja en lugar de honrarse como esa búsqueda de la verdad que es parte del ser humano.

–¿Propone alimentar las dudas?

–Propongo no dar respuestas hechas. No hay que vender certezas, ni dogmas. Hay que despertar al buscador interior. Lo importante es el camino, el proceso.

–¿Qué tal el suyo?

–Yo estudié la carrera de Medicina por idolatría a la ciencia. Buscaba conocimiento, pero perdí el entusiasmo cuando descubrí que en ese camino no había respuesta a los misterios, que eran directamente negados.

–Insistió bastante, estudió tres carreras.

–Acabé Psiquiatría, continué con mi carrera de Música, pero sabiendo que la esclavitud del virtuoso era para mí un exceso. La carrera de Filosofía no la terminé. Comprendí que lo buscado es lo mismo que el buscador, que existe una conciencia del yo profundo y que ahí está la armonía.

–¿La vida es una búsqueda o un encuentro?

–Para mí fue una búsqueda sedienta en demasía. No me satisfizo el conocimiento, ni la vida familiar, ni tampoco el amor. Me topé con una persona que me influyó muchísimo, un escultor, Tótila Albert, al que le debo la idea inspiradora de mi trabajo sobre la trinidad interior.

–¿Qué le dio?

–Era un maestro de amor. Pero no en el sentido convencional. Ese amor estaba, por ejemplo, en la forma en que limpiaba los discos antes de ponerlos, la forma cuidadosa con que hacía las cosas en cada momento. Tenía calidad de ser y aprendí a reconocerla. Más que un aprendizaje, lo que le debo es una bendición. Es a través de comprensiones muy sutiles como nos construimos.

–¿Ha dejado de buscar?

–Sí, me dejo fluir. He tenido maestros de todas las tradiciones orientales fundamentales, y lo que me han transmitido es el sabor de una verdad que no tiene que ver con el intelecto ni con la emoción. Si le tuviera que poner un nombre, sería el sabor de la nada. Cuando uno se vacía, le llegan todas las riquezas. En realidad, si tengo algún secreto, es simplemente el de confiar más en la vida.

–¿Y qué le abrió el corazón?

–La muerte de mi único hijo a los 11 años. Lloré sin parar durante dos meses. Era una experiencia de intenso amor un poco retardado: la tragedia de no haber estado por él mientras lo tuve.

–Somos muy torpes.

–Ese llanto paró súbitamente un día en que hice una clara reflexión: “¿Estoy llorando por él?”. Tenía claro que no, porque sentía que él estaba mejor que yo. “¿Estoy llorando por mí, por haberme quedado solo?”… Si era sincero sabía que no, porque había pasado largas temporadas sin verle.

–Entonces, ¿por qué lloraba?

–Me di cuenta de que no había razón para llorar y empecé a sentir una presencia suya mayor que cuando estaba vivo. La felicidad sólo depende de un estado interior.

–¿Cómo se cultiva?

–No identificándose ni con los pensamientos ni con las emociones. Idealizamos las pasiones: el orgullo, el amor. Queremos ser héroes, victoriosos o vencidos, somos muy vanidosos. Las pasiones son intrínsecamente egoístas y productoras de infelicidad. Hay que poner en paz a los animales que nos habitan. Hay que dejarse en paz.

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Fragmento de una entrevista realizada en Barcelona.

En este caso, Claudio habla de las tres personas interiores y la influencia de Gurdjieff y Tótila Albert.

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